lunes, 9 de marzo de 2009

EL IMPERIO EN MI MENTE

     Como siempre os pongo el videoclip de la canción con la que escribo cada artículo, de este modo podréis leerlo de la misma forma con la que fue escrito, con esta música de fondo. Esta vez lo he incluido al principio, en lugar de ponerlo al final. Creo que es mejor así, y de esta manera es como lo realizaré a partir de ahora. Aunque a veces por la extensión del post, sea necesario escucharla un par de veces. Espero que esto no os moleste en exceso.




Arthur Rubinstein dijo: "No hay fórmulas para el éxito, salvo quizás la de aceptar de forma incondicional la vida de aquello que nos depara".

     Cierro una etapa de desintoxicación humana sin precedentes para mi, en el cual he finalizado un ciclo vital entero. Quizás, para ello, haya necesitado un año sabático, quizás se haya hecho demasiado largo, pero quería dejar de escribir durante un tiempo, no dar señales de mi existencia, sencillamente necesitaba desaparecer.

     Hace ya un par de años, leí la maravillosa novela de uno de mis autores actuales favoritos, el escritor barcelonés Enrique Vila-Matas. El libro se llama Dr. Pasavento. A su protagonista, un buen día le asalta una enorme duda: “¿qué ocurría en caso de desaparecer de repente?, ¿Me echaría alguien de menos?, ¿Me buscarían?”. Entonces decide llevarlo a término, y decide por voluntad propia desaparecer sin decir nada a nadie, y se muda de Barcelona a París. No os desvelo la trama, por si os pica la curiosidad y lo leéis. No es que vaya a hacer lo mismo, ni mucho menos, pero a lo largo del libro, al protagonista le asaltan dudas, y reflexiona sobre su vida hasta esos instantes, llegando a conclusiones, que en mi caso me han ayudado a encontrar esa voz en la oscuridad a la que parecía que me había sumido, que me empezaba a devorar las entrañas, y que mi corazón ha estado a punto de tirar la toalla y darlo todo por perdido.

    Es por eso que he necesitado, entre comillas, desaparecer de la blogosfera, para poder reencontrarme, poder perderme en el tiempo, mezclarme con el aire, con la gente anónima, con la naturaleza, con ese mar y su sonido purificador que tanto amo; y tener claro, sobretodo, saber que quiero para mi futuro, que espero de mi vida, y empezar a descartar cosas, personas, etc.; saber a quién quiero a mi lado, y a quién quiero lejos de mi, ya que por desgracia hay personas a las que no quiero ver en pintura nunca más en mi vida, pero que aún he de comerme en patatas durante un tiempo, aunque este tiempo corra inexorablemente a mi favor.

    Quizás he tardado demasiados años, pero por fin tengo a las personas que quiero a mi lado, a las amistades que tanto me llenan, y que espero devolverles alguna vez ese amor, ese cariño, esa comprensión que me dan tan a menudo, día a día, aunque haya veces que tardemos temporadas en vernos. No sé si les doy lo que ellos/as necesitan o esperan de mi, deseo que sea así, y que con mi amistad o mi amor incondicional les llene del mismo modo que lo hacen ellos y ellas a mi.

    Nos caemos para volver a levantarnos, más fuertes, más ilusionados si cabe. No podemos quedarnos en el suelo sentados eternamente. Corremos el riesgo que nos pisoteen. Ya no puedo esperar más a esa princesa de cuento de hadas que tiene que venir a salvar mi corazón y mi alma, sencillamente he acabado harto de buscar en rostros anónimos de tantas chicas su compromiso. Si existe en realidad mi alma gemela, creo que esta vez, en esta vida le toca a ella buscarme, le toca a ella dar el primer paso, le toca a ella pedirme que comparta el resto de mi vida con ella, que envejezca a su lado. Sencillamente, le toca a ella. Le compensaré, seguro, para el resto de la eternidad. Tendrá su principe azul, la protegeré, la desearé, la respetaré, pero por ese camino vital que he llevado hasta ahora, he perdido trozos de corazón, y no puedo perder el resto.


Sueños. Esperanza. Ilusiones. Quizás sólo nos quede eso, pero nunca dejaré de soñar hasta que se cumplan, aunque desfallezca en el intento.


The Empire In My MindJakob Dylan & The Wallflowers




martes, 4 de diciembre de 2007

EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE


Ovidio dijo: Nacemos con lágrimas, entre lágrimas transcurre nuestra vida y cerramos con lágrimas nuestro último día.

Dicen que las lágrimas son dulces, aunque nos parezcan amargas al sabor. Dicen que las lágrimas son la limpieza del alma humana, aunque nos parezca que la rompen en dos. “El jabón es para el cuerpo, lo que las lágrimas para el alma” dice un proverbio Judío. Quizás sea cierto, o por lo contrario nos engañan.

Las lágrimas nacen en la cima de una montaña llamada dolor, aunque sea bueno o malo, pero todas sus gotas provienen del mismo lugar.

Dicen que lloramos tanto de alegría como de tristeza. Nunca lo discutimos, seguramente por ser cierto. Pero aún siendo de alegría se produce un dolor en el pecho, justo en el corazón, y a veces parece que está a punto de rendirse y dejar de latir, pero respiramos lentamente para hacerle entender que no es el momento.
Y no es malo sentir dolor, o en comprender que en esencia ese dolor no es necesariamente horrible. No hemos de darle una connotación tan pesimista. Sin dolor seríamos incapaces de sentir, sin sentimientos no viviríamos al día, sin el día no estaríamos alerta de aquello que nos envuelve para coger lo que en verdad nos hace felices.

Vivimos por desgracia con el miedo del que dirán o pensarán quiénes nos conocen, en cambio, nunca les presionamos ni los juzgamos a ellos. Ese miedo es el que nos mantiene encerrados en armarios oscuros, mientras cantamos flojito para que no nos entre el pánico y perdamos la cordura, como si de un conjuro mágico se tratara. Intentamos escapar a menudo, pero siempre regresamos a él.

El movimiento y la rapidez consiguen a menudo distorsionar lo que nos sucede, y ese miedo que nos persigue nos hace apresurar más los pasos que damos, haciéndonos tomar decisiones que luego no conseguimos perdonarnos.
Nunca hemos probado a detenernos en seco, a darnos la vuelta para hacerle frente; y quizás ese día ya ha llegado. Impulsivamente y con el corazón en un puño, llevamos a la práctica esas ganas de luchar, de evitar que el miedo nos persiga más, y que la oscuridad deje de pisarnos los talones.

Cuando lo logramos nos sentimos como un héroe de cómic, llenos de súper poderes; pero debemos de hacer, a partir de esos momentos lo mismo cada día de nuestra vida, luchar con todas nuestras fuerzas, contra aquellos villanos que nos dicen que no somos dignos de alcanzar nuestras metas y nuestros sueños. Quizás tardemos algo más de tiempo, pero si perseveramos nadie podrá detenernos, y al fin seremos dueños de nuestro camino, de nuestro cenit, dando sentido al vacío que teníamos dentro y que nadie ha conseguido llenar nunca.


Penelope's Song -- Loreena McKennitt



martes, 20 de noviembre de 2007

LA CIUDAD DE LA ESPERANZA


Rudyard Kipling dijo: Si en la vida el destino te derriba; si todo en tu camino es cuesta arriba, si tu sonrisa es ansia insatisfecha, si hay faena excesiva y vil cosecha, Si a tu caudal se contraponen diques, date una tregua, pero nunca claudiques.


Tomar un café en un viejo bar que tenga cristales, sentarse cerca para mirar a través de él, detener nuestra mirada hacia la calle, es contemplar ese trocito de humanidad que arrastra historias, problemas, desengaños, y esperanzas en sus espaldas. Ese café nos sirve, sin tener que bajar la mirada hacia nuestro reloj, comprender que el tiempo puede en ocasiones detenerse atrapado contigo.

No importa la zona de la ciudad, nunca verás el mismo perfil de personas, es el calidoscopio de la variedad, la mezcla de anécdotas, el ruido del sonido de los corazones que sufren sin haberlo merecido. Para un observador, ese café significa sentirse con la necesidad de hacer alguna cosa más, de devolver alguna sonrisa que de vez en cuando ha tenido, cruzar unas palabras con alguna persona que lo ha necesitado, sentirse vivo sin necesitar más compañía que la ofrecida en ese instante por la cucharilla y el sobre de azúcar de ese licor negro que sorbemos en pequeñas dosis de realidad.

Cualquier ciudad encierra las mismas paradojas que podemos encontrar si analizamos nuestro sistema democrático y capitalista de consumismo desaforado que nos brinda la sociedad del bienestar, y que tanto se encargan de repetirnos esos políticos tan alejados de la tierra. Vemos sus flaquezas, sus desigualdades, y a veces, incluso vislumbramos sus virtudes. Ofrece las mismas promesas que se dicen a los oídos los amantes en la cama, pero al igual que ocurre en los dos casos, al levantarnos olvidamos cumplirlas, pero tampoco nunca reclamamos su cumplimiento, que lo dicho se nos sea concedido. Susurramos repetidas palabras de amor, cual secreto escondido en un mapa, que hemos perfeccionado con los años aunque siempre sean las mismas palabras, en lugar de gritarlas, de demostrarlas, de hacerlas merecedoras de respeto. Besamos labios sin sentirlo por completo, sin implicarnos de verdad, obedeciendo a una inercia que nos empuja una gravedad interna que nos dirige hacia los lados, rozando los extremos sin quererlo, y se convierten entonces en besos estériles sin significado.

Pero soñamos, mientras sorbemos el café para no quemarnos, soñamos en nuestra propia ciudad onírica y perfecta, dónde la utopía fabrica y construye los edificios que albergaran esas almas que han de habitar nuestro nuevo mundo. Los rescatamos de entre los transeúntes que pasan por delante del cristal del bar, al igual que un policía de aduanas, inspeccionando su interior mientras pasan por esa cinta que les mueve en su día a día, transportando de un lugar a otro sus lágrimas y sus risas, implorando poder vivir en paz.

Tanta ciudad y tan poco por hacer cantaba Ismael Serrano. No podemos ir a cenar cada dos días a un restaurante, ni podemos ir al teatro cada fin de semana, ni al cine tres veces, ni asistir a las exposiciones de pago, ni a toda la oferta cultural que se nos ofrece como habitantes de la ciudad. Demasiadas cosas por hacer y tan poco dinero para gastar dirán algunos. Alimentamos nuestro propio cementerio vital, y damos de beber al consumismo desaforado el mejor de nuestros vinos, cual vampiro que nos desangra sin matarnos del todo, para que nuestro cuerpo regenere su líquido tan preciado y por el que mata si es necesario.

Esperamos que llueva, para ver si la caída del agua pura desde tan alto consigue llevarse esa energía sucia que todo lo impregna, y conseguir arrastrar por la alcantarilla la incompetencia de los políticos para que sean engullidos por la tripas de la ciudad. Pero eso sólo puede ocurrir de momento en nuestro mundo inventado, que aunque siempre luce el sol, llueve cuando ha de hacerlo, para refrescar el aire con el equilibrio que brinda la naturaleza.

Acabamos el café, pagamos agradecidos su precio, salimos a la calle y nos mezclamos con sus habitantes, arrastrando a nuestras espaldas nuestra historia personal, deseando poder parar de nuevo para soñar en nuestro mundo perfecto, con la esperanza de poder construirlo antes que desaparezca y falte el oxígeno del inconformismo social, que la sangre de la desobediencia inconstitucional deje de circular por nuestras venas, antes que nuestras voces sean silenciadas por un par de monedas de oro procedentes de un tesoro robado y arrancado con voracidad a nuestros habitantes. Pero nuestro mundo resistirá sus ataques, y sobrevivirá a pesar de las torturas infligidas con desprecio por los dirigentes de un mundo mandado por gente gris, sin cabeza, sin corazón, que miente por un trozo de calor, un calor que sólo la adulación les apacigua. Pero llegará el día en que un café, podrá cambiar el rumbo de un loco planeta.


Km. O -- Ismael Serrano