martes, 4 de diciembre de 2007

EL AÑO QUE VIVIMOS PELIGROSAMENTE


Ovidio dijo: Nacemos con lágrimas, entre lágrimas transcurre nuestra vida y cerramos con lágrimas nuestro último día.

Dicen que las lágrimas son dulces, aunque nos parezcan amargas al sabor. Dicen que las lágrimas son la limpieza del alma humana, aunque nos parezca que la rompen en dos. “El jabón es para el cuerpo, lo que las lágrimas para el alma” dice un proverbio Judío. Quizás sea cierto, o por lo contrario nos engañan.

Las lágrimas nacen en la cima de una montaña llamada dolor, aunque sea bueno o malo, pero todas sus gotas provienen del mismo lugar.

Dicen que lloramos tanto de alegría como de tristeza. Nunca lo discutimos, seguramente por ser cierto. Pero aún siendo de alegría se produce un dolor en el pecho, justo en el corazón, y a veces parece que está a punto de rendirse y dejar de latir, pero respiramos lentamente para hacerle entender que no es el momento.
Y no es malo sentir dolor, o en comprender que en esencia ese dolor no es necesariamente horrible. No hemos de darle una connotación tan pesimista. Sin dolor seríamos incapaces de sentir, sin sentimientos no viviríamos al día, sin el día no estaríamos alerta de aquello que nos envuelve para coger lo que en verdad nos hace felices.

Vivimos por desgracia con el miedo del que dirán o pensarán quiénes nos conocen, en cambio, nunca les presionamos ni los juzgamos a ellos. Ese miedo es el que nos mantiene encerrados en armarios oscuros, mientras cantamos flojito para que no nos entre el pánico y perdamos la cordura, como si de un conjuro mágico se tratara. Intentamos escapar a menudo, pero siempre regresamos a él.

El movimiento y la rapidez consiguen a menudo distorsionar lo que nos sucede, y ese miedo que nos persigue nos hace apresurar más los pasos que damos, haciéndonos tomar decisiones que luego no conseguimos perdonarnos.
Nunca hemos probado a detenernos en seco, a darnos la vuelta para hacerle frente; y quizás ese día ya ha llegado. Impulsivamente y con el corazón en un puño, llevamos a la práctica esas ganas de luchar, de evitar que el miedo nos persiga más, y que la oscuridad deje de pisarnos los talones.

Cuando lo logramos nos sentimos como un héroe de cómic, llenos de súper poderes; pero debemos de hacer, a partir de esos momentos lo mismo cada día de nuestra vida, luchar con todas nuestras fuerzas, contra aquellos villanos que nos dicen que no somos dignos de alcanzar nuestras metas y nuestros sueños. Quizás tardemos algo más de tiempo, pero si perseveramos nadie podrá detenernos, y al fin seremos dueños de nuestro camino, de nuestro cenit, dando sentido al vacío que teníamos dentro y que nadie ha conseguido llenar nunca.


Penelope's Song -- Loreena McKennitt



martes, 20 de noviembre de 2007

LA CIUDAD DE LA ESPERANZA


Rudyard Kipling dijo: Si en la vida el destino te derriba; si todo en tu camino es cuesta arriba, si tu sonrisa es ansia insatisfecha, si hay faena excesiva y vil cosecha, Si a tu caudal se contraponen diques, date una tregua, pero nunca claudiques.


Tomar un café en un viejo bar que tenga cristales, sentarse cerca para mirar a través de él, detener nuestra mirada hacia la calle, es contemplar ese trocito de humanidad que arrastra historias, problemas, desengaños, y esperanzas en sus espaldas. Ese café nos sirve, sin tener que bajar la mirada hacia nuestro reloj, comprender que el tiempo puede en ocasiones detenerse atrapado contigo.

No importa la zona de la ciudad, nunca verás el mismo perfil de personas, es el calidoscopio de la variedad, la mezcla de anécdotas, el ruido del sonido de los corazones que sufren sin haberlo merecido. Para un observador, ese café significa sentirse con la necesidad de hacer alguna cosa más, de devolver alguna sonrisa que de vez en cuando ha tenido, cruzar unas palabras con alguna persona que lo ha necesitado, sentirse vivo sin necesitar más compañía que la ofrecida en ese instante por la cucharilla y el sobre de azúcar de ese licor negro que sorbemos en pequeñas dosis de realidad.

Cualquier ciudad encierra las mismas paradojas que podemos encontrar si analizamos nuestro sistema democrático y capitalista de consumismo desaforado que nos brinda la sociedad del bienestar, y que tanto se encargan de repetirnos esos políticos tan alejados de la tierra. Vemos sus flaquezas, sus desigualdades, y a veces, incluso vislumbramos sus virtudes. Ofrece las mismas promesas que se dicen a los oídos los amantes en la cama, pero al igual que ocurre en los dos casos, al levantarnos olvidamos cumplirlas, pero tampoco nunca reclamamos su cumplimiento, que lo dicho se nos sea concedido. Susurramos repetidas palabras de amor, cual secreto escondido en un mapa, que hemos perfeccionado con los años aunque siempre sean las mismas palabras, en lugar de gritarlas, de demostrarlas, de hacerlas merecedoras de respeto. Besamos labios sin sentirlo por completo, sin implicarnos de verdad, obedeciendo a una inercia que nos empuja una gravedad interna que nos dirige hacia los lados, rozando los extremos sin quererlo, y se convierten entonces en besos estériles sin significado.

Pero soñamos, mientras sorbemos el café para no quemarnos, soñamos en nuestra propia ciudad onírica y perfecta, dónde la utopía fabrica y construye los edificios que albergaran esas almas que han de habitar nuestro nuevo mundo. Los rescatamos de entre los transeúntes que pasan por delante del cristal del bar, al igual que un policía de aduanas, inspeccionando su interior mientras pasan por esa cinta que les mueve en su día a día, transportando de un lugar a otro sus lágrimas y sus risas, implorando poder vivir en paz.

Tanta ciudad y tan poco por hacer cantaba Ismael Serrano. No podemos ir a cenar cada dos días a un restaurante, ni podemos ir al teatro cada fin de semana, ni al cine tres veces, ni asistir a las exposiciones de pago, ni a toda la oferta cultural que se nos ofrece como habitantes de la ciudad. Demasiadas cosas por hacer y tan poco dinero para gastar dirán algunos. Alimentamos nuestro propio cementerio vital, y damos de beber al consumismo desaforado el mejor de nuestros vinos, cual vampiro que nos desangra sin matarnos del todo, para que nuestro cuerpo regenere su líquido tan preciado y por el que mata si es necesario.

Esperamos que llueva, para ver si la caída del agua pura desde tan alto consigue llevarse esa energía sucia que todo lo impregna, y conseguir arrastrar por la alcantarilla la incompetencia de los políticos para que sean engullidos por la tripas de la ciudad. Pero eso sólo puede ocurrir de momento en nuestro mundo inventado, que aunque siempre luce el sol, llueve cuando ha de hacerlo, para refrescar el aire con el equilibrio que brinda la naturaleza.

Acabamos el café, pagamos agradecidos su precio, salimos a la calle y nos mezclamos con sus habitantes, arrastrando a nuestras espaldas nuestra historia personal, deseando poder parar de nuevo para soñar en nuestro mundo perfecto, con la esperanza de poder construirlo antes que desaparezca y falte el oxígeno del inconformismo social, que la sangre de la desobediencia inconstitucional deje de circular por nuestras venas, antes que nuestras voces sean silenciadas por un par de monedas de oro procedentes de un tesoro robado y arrancado con voracidad a nuestros habitantes. Pero nuestro mundo resistirá sus ataques, y sobrevivirá a pesar de las torturas infligidas con desprecio por los dirigentes de un mundo mandado por gente gris, sin cabeza, sin corazón, que miente por un trozo de calor, un calor que sólo la adulación les apacigua. Pero llegará el día en que un café, podrá cambiar el rumbo de un loco planeta.


Km. O -- Ismael Serrano

jueves, 11 de octubre de 2007

EL OLVIDO DEL PRESENTE

John Knittel dijo: "Se es viejo cuando se tiene más alegría por el pasado que por el futuro".

Sucede que a veces, no sabemos el motivo, pero nos parece que despertamos de un sueño que nos ha mantenido apartados de la vida cotidiana durante demasiado tiempo. Y sucede a veces, pero no sabemos que hacer en esos momentos en los que los párpados superan, en un tremendo esfuerzo titánico, la fuerza de la gravedad, y consiguen hacer que entre la luz del sol a nuestros ojos, e interpreten esa explosión cromática, dándole las formas en tres dimensiones, intentando no marearse al añadirse la profundidad, y el corazón vuelve a latir después de ese letargo que lo ha mantenido inerte al paso del tiempo.

Sucede que a veces, notamos que no estamos solos en cada paso que damos; pero aunque no creamos en ellos, hay ángeles entre nosotros. Cada persona tiene el suyo, a veces es un desconocido, a veces es un familiar que nos dejó, a veces es alguien vivo que conocemos. Pero no intervienen a cada momento, saben cual es el instante preciso, y nos salvaguardan de los múltiples errores que comentemos con sólo levantarnos cada mañana. Y eso es precisamente lo que nos hace tan humanos, nuestro derecho a equivocarnos, a repetir los errores cuantas veces necesitemos, pero también a querer volver atrás para cambiar cosas de nuestra vida, lo cual nos condena al fracaso antes de empezar.

Nos duele ser conscientes que eso no ocurrirá nunca. Nos duele pensar que ese dolor ya está inflingido. Nos duele saber que quizás no nos perdonen nunca. Nos duele pensar que hemos hecho daño a una persona que queremos.

Sucede que a veces, queremos ser mejor personas sin saber con exactitud como lograrlo, o hacerlo. Sucede a veces que no nos damos cuenta, y ya somos esas buenas personas que deseamos ser, con el corazón tan grande que el ruido de los latidos ensordece a nuestro paso la tranquilidad de la ruidosa ciudad. Pero no lo vemos, no vemos que quién tenemos a nuestro alrededor nos demuestra constantemente con su amistad, su amor, su sinceridad, su fidelidad, sus risas, sus abrazos, sus besos, sus silencios, que somos importantes, que no nos quieren perder por nada del mundo, y que morirían al igual que nosotros moriríamos sin dudarlo por aquellos seres que queremos con tal fuerza e intensidad que romperíamos el corazón en dos si no lo controlásemos.

Sucede que a veces, mirar al pasado sólo nos sirve para llorar y sufrir, pero nunca para avanzar. Y sucede que a veces, deseamos tanto el futuro, que vivimos en él, en un futuro de fantasía, que no existe y que hacemos nuestro nuevo hogar. En cambio, el presente, sólo nos damos cuenta que lo tenemos cuando nos ocurre en ese instante preciso algo que nos perturba y nos sacude el cuerpo violentamente. Sólo existe el presente, y sucede a veces que olvidamos vivir en él.

I CAN’T MAKE YOU LOVE ME George Michael

Hoy os pongo el video de la canción, para que el artículo pueda ser leído del mismo modo que lo escribí, con la esta canción de fondo.